CASTRO VENTOSA

 

DECLARADO POR SU IMPORTANCIA ARQUEOLÓGICA “MONUMENTO NACIONAL” EN 1931.

Castro Ventosa es un yacimiento arqueológico que guarda entre sus muros una larga historia, no en vano es el más importante y significativo del Bierzo por sus dimensiones e importancia histórica. Se halla en el límite de tres municipios (Cacabelos, Villafranca y Toral de los Vados) y ocupa una elevada y casi plana meseta (en torno a los 700 metros de altitud) de algo más de seis hectáreas, desde la que se domina todo el Bierzo Bajo. Algunas zonas del yacimiento fueron objeto de catas y excavaciones arqueológicas en los años setenta del siglo XX, y a finales de ese siglo se hicieron nuevas excavaciones y se restauraron parte de sus murallas y algunos cubos.

Casto Ventosa fue un castro prerromano en el que se han hallado restos de cerámicas de las edades del bronce y el hierro, que se relacionan con la mítica Bergida, a la que aluden Floro y Orosio como el lugar bajo cuyas murallas romanos y astures pelearon durante las guerras de los años 29 al 19 a C. Tras la conquista, el emperador Augusto obligó a sus habitantes a descender al llano, siendo entonces cuando surge la ciudad de Bergidum Flavium en el pago de La Edrada (Cacabelos). El castro fue deshabitado parcialmente, pues hay huellas de la presencia de unidades militares. Más tarde, la inseguridad del siglo IV favorecerán el abandono de la llanura y la reocupación del castro. Es entonces cuando se construye la muralla de cubos que circunvalan un perímetro de 1.136 metros. Esta muralla no difiere de las que rodean ciudades como Lucus, Asturica y Legio.

El castro estuvo habitado en época visigoda (Bergidon) y altomedieval (a partir del siglo IX se sustituye aquel nombre por el de Castro Ventosa). Fue un importante bastión en la defensa contra los musulmanes, pues sus poderosas murallas lo convirtieron en uno de los castella sobre los que se organizó la administración y defensa del reino asturiano durante los siglos VIII y IX. Incluso llegó a contar con varias iglesias en su interior. Luego, con el avance repoblador y sin el peligro de las razzias agarenas, fue nuevamente abandonado, aunque nunca deshabitado del todo hasta el siglo XIX. Hubo intentos de repoblación de la vieja capital del Bierzo por los reyes de León Fernando II y Alfonso IX, que fracasaron por la oposición de las villas cercanas y el poderoso monasterio de Carracedo.

Jose A. Balboa